martes, 4 de agosto de 2009
-Fue... -Dan miró sin parpadear la bombilla gris apagada que colgaba del centro del techo. Sentía una mezcla de inmovilidad y sobreexcitación a la vez. Sus caderas se tocaban bajo la delgada sábana color burdeos y notaba como si una corriente eléctrica los recorriese, produciéndole un cosquilleo en los dedos de los pies, las rodillas, el ombligo, los codos y la punta de pelo-. Indescriptible -respondió finalmente, por que en realidad no había palabras para describir lo que acababa de sentir. Somos artificiales y superficiales, un te quiero es intencionable .
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