martes, 4 de agosto de 2009

Tú me rompes las entrañas, me trepas como una araña, bebes del sudor que empaña el cristal de mi habitación. Y después por la mañana, despierto y no tengo alas. Llevo diez horas durmiendo y mi almohada está empapada. Todo había sido un sueño muy real y muy profundo, tus ojos no tienen dueño porque no son de este mundo. Que no te quiero mirar, pero es que cierro los ojos, y hasta te veo por dentro; te veo en un lado y en otro, en cada foto, en cada espejo. Y en las paredes del metro, y en los ojos de la gente, hasta en las sopas más calientes. Loco yo me estoy volviendo. Y a veces me como de un bocado el mundo, y a veces te siento, y a veces te tumbo. A veces te leo un beso en los labios, pero como yo no me atrevo, me corto y me abro.

Que yo sé que la sonrisa que se dibuja en mi cara, tiene que ver con la brisa que abanica tu mirada.

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